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DÍA NACIONAL DE LA NUTRICIÓN.

La Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) estableció el 28 de mayo como el día Nacional de la Nutrición, apoyado cada año por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Desde el Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía (CODINAN) nos sumamos a este día con el que tanto nos identificamos, aprovechando el mismo para reclamar el derecho a la alimentación.

 

1. CONCEPTOS CLAVE, DIFERENCIAS SUTILES

Antes de proceder, es conveniente aclarar una serie de conceptos que en muchos casos pueden ser confundidos por la población general.

La alimentación es el conjunto de acciones mediante las cuales se proporcionan alimentos al organismo. Este acto conlleva, por tanto, desde las elecciones alimentarias hasta el cocinado y la ingesta de los mismos. La nutrición, por su parte, es el proceso biológico mediante el cual el organismo transforma los alimentos en energía para realizar las funciones vitales.

El término alimentario hace referencia a aquello perteneciente o relativo a la alimentación. Ejemplo: industria alimentaria. El término alimenticio, por su parte, hace referencia a aquello que alimenta o tiene propiedad de alimentar. Ejemplo: producto alimenticio. De este modo, para no confundirnos, podemos concluir que lo alimentario no se ingiere y lo alimenticio sí.

2. EL DERECHO A LA ALIMENTACIÓN

La Organización para las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que “El derecho a la alimentación es el derecho a alimentarse con dignidad. Es el derecho a tener un acceso permanente a los recursos que permiten producir, obtener o comprar suficientes alimentos no sólo para prevenir el hambre, sino también para asegurar la salud y el bienestar. El derecho a la alimentación solamente en pocas ocasiones significa que una persona tiene derecho a suministros gratuitos” (1).

Figura 1. Fuente: Indicator 2.1.1. Prevalence of undernourishment (FAO) (2).

En el gráfico anterior, la línea superior de color rosa representa el número de personas desnutridas en el mundo. En términos de población, se estima que entre 720 y 811 millones de personas en el mundo enfrentaron hambre en 2020. Se puede observar que la prevalencia de la desnutrición aumentó del 8,4 % a 9,9 % entre los años 2019 y 2020. A nivel mundial, casi una de cada tres personas (2370 millones) careció en 2020 de acceso a alimentos adecuados, aumento de casi 320 millones de personas con respecto al año anterior. Lo más preocupante es que “no vamos camino de poner fin al hambre y la malnutrición mundiales; de hecho, nos movemos por la senda opuesta” (3). Esto nos implica a todos y nos muestra la necesidad de actuar ante el problema.

Figura 2. Fuente: Indicator 2.1.1. Prevalence of undernourishment (FAO) (2).

En España, somos muy afortunados de tener alimentos para nutrirnos cada día. Como se puede ver en el gráfico anterior, la prevalencia de desnutrición en nuestro país es bastante baja (menos del 2,5% en el año 2019) en comparación con otros países como Haití, donde la cifra de desnutrición casi supera el 50% de la población. Aproximadamente, una de cada cinco personas (21 por ciento de la población) se enfrentaba al hambre en África en 2020, más del doble de la proporción de cualquier otra región.

Por todo ello, hay tres aspectos que son esenciales y nos implican como parte de la sociedad en su conjunto. El primero de ellos es realizar buenas elecciones alimentarias entre toda la oferta que tenemos a nuestro alcance. El segundo es contribuir a reducir el daño medioambiental derivado de la nutrición del hombre como animal que habita en el Planeta. El tercer aspecto implica ayudar a aquellas personas que ven truncados sus deseos de nutrirse de manera adecuada por determinadas limitaciones en su contexto.

La buena nutrición tiene una serie de características:

  • Adecuada. La alimentación debe adaptarse a características como edad, sexo, estado fisiológico, economía, cultura y contexto.
  • Accesible. La dieta saludable debe estar al alcance de todos los individuos, sin discriminar por factores socioeconómicos y/o geográficos.
  • Completa. La alimentación debe incluir todos los grupos de alimentos, con el fin de obtener todos los nutrientes necesarios y así cumplir con las necesidades del organismo.
  • Equilibrada. Se deben consumir los nutrientes en proporciones adecuadas para lograr un buen estado de salud.
  • Inocua. Su preparación y consumo no deben entrañar riesgos para la salud.
  • Suficiente. Se deben cubrir las necesidades energéticas que el organismo requiere para el desempeño de las funciones vitales y afrontar el día a día con energía.
  • Variada. Se deben alternar diferentes opciones alimentarias y técnicas culinarias dentro de un mismo grupo de alimentos.

3. LA FIGURA DEL DIETISTA-NUTRICIONISTA

En materia de nutrición, el dietista-nutricionista es una figura clave. Para entender y conocer la figura del dietista-nutricionista, es interesante realizar un recorrido por la historia de la profesión:

En el año 1998 se aprobó el Real Decreto 433/1998, de 20 de marzo, por el que se establece el título universitario oficial de Diplomado en Nutrición Humana y Dietética y las directrices generales propias de los planes de estudios conducentes a la obtención de aquél (4). En él, se establece el título universitario oficial de Diplomado en Nutrición Humana y Dietética.

Posteriormente, se publicó el Real Decreto 967/2014, de 21 de noviembre, por el que se establecen los requisitos y el procedimiento para la homologación y declaración de equivalencia a titulación y a nivel académico universitario oficial y para la convalidación de estudios extranjeros de educación superior, y el procedimiento para determinar la correspondencia a los niveles del marco español de cualificaciones para la educación superior de los títulos oficiales de Arquitecto, Ingeniero, Licenciado, Arquitecto Técnico, Ingeniero Técnico y Diplomado (5). En él, se establecen los requisitos y procedimiento para la equivalencia a nivel académico universitario de grado: dietista-nutricionista o graduado en Nutrición Humana y Dietética.

Así mismo, en la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias (6) se reconoce al dietista-nutricionista como un profesional sanitario.

De este modo, el dietista-nutricionista es un profesional sanitario que posee la diplomatura y/o grado universitario en Nutrición Humana y Dietética, y cuya denominación profesional es dietista-nutricionista.

Pero, ¿cómo puede ayudarme un dietista-nutricionista?

Estos profesionales son graduados en Nutrición Humana y Dietética, formación universitaria de 4 años de duración donde desarrollan habilidades relacionadas con las áreas de nutrición, dietética, bromatología, microbiología, seguridad alimentaria, tecnología de los alimentos y salud pública, entre otras materias.

Esta formación les capacita para realizar diferentes funciones, entre las que destacan:

En España, los ciudadanos tienen reconocido el derecho a la protección de la salud según La Constitución Española (7). Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) (8), muestran que, en nuestro país, gran parte de las defunciones de 2020 están relacionadas con la alimentación: enfermedades isquémicas del corazón, enfermedad hipertensiva, cáncer de colon, diabetes mellitus y diferentes tipos de cáncer.  Sin embargo, España es el único país de la Unión Europea (UE) que no cuenta en su sistema sanitario con la presencia de dietistas-nutricionistas en la mayoría de sus Comunidades Autónomas.

Por otro lado, es conveniente informar acerca de la desnutrición hospitalaria. El estudio PREDyCES (9) muestra que el 23% de los pacientes ingresados están en riesgo de desnutrición, aproximadamente 1 de cada 4 pacientes ingresados padecen de desnutrición y el 10% de los pacientes que ingresan con un estado nutricional óptimo desarrollan desnutrición durante su hospitalización. Además, se estima que el coste potencialmente atribuible a la desnutrición hospitalaria en España sería de al menos 1.143 millones de euros, lo que corresponde al 1,8 % del presupuesto del Sistema Nacional de Salud.

Esto hace evidente la necesidad de incluir la figura del dietista-nutricionista en la sanidad pública. El objetivo fundamental de estos profesionales en los centros sanitarios sería prevenir el desarrollo de enfermedades no transmisibles y abordar, con asesoramiento y planificaciones nutricionales, tanto en caso de patologías como en sobrepeso y desnutrición.

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