
Cuando llega el calor, proliferan las intoxicaciones alimentarias, debido a que las altas temperaturas hacen aumentar el índice de crecimiento bacteriano en los productos que ingerimos. No es de extrañar, ya que tendemos a comer más fuera de casa, ya sea en bares, restaurantes y chiringuitos o en la playa, la piscina y hasta en el coche mientras nos desplazamos a nuestro lugar de vacaciones.
A continuación, te damos algunas claves para prevenirlas y evitar que estropeen tus días de disfrute y desconexión.
Vigila la manipulación y la conservación de los alimentos
Parece muy obvio, pero lavarse las manos con agua y jabón antes de manipular alimentos es fundamental, al igual que mantener limpias las superficies y los utensilios que se van a utilizar. Opta por agua potable no solo para beber (cuida tu hidratación, pues en verano se pierde mucho líquido por el aumento de la sudoración), también a la hora de lavar alimentos y cocinar.
Otras cuestiones a tener en cuenta: cocinar totalmente los alimentos, prepararlos justo antes de comer, separar los cocinados de los crudos, no dejarlos a temperatura ambiente ya cocinados y descongelar siempre en el propio frigo o en el microondas (si tienes esa opción y vas con prisa). Si tienes dudas sobre si ingerir o no algún alimento, no lo hagas: siempre es mejor prevenir que curar.
Mucho cuidado con el huevo y otras recomendaciones
¡Cómo nos gusta acompañar ciertos platos de una buena mayonesa! Pero es una de las elaboraciones a las que tenemos que prestar especial atención durante el verano. La razón: el calor hace aumentar la incidencia de la salmonela, bacteria aportada por las aves y sus derivados. El huevo es uno de los alimentos más sensibles a la proliferación de esos microorganismos, así que, en la medida de lo posible, evita su consumo si no está bien cocinado: 70 °C durante al menos 2 segundos en su centro o 63 °C durante 20 segundos.
En el caso de la mayonesa, opta por las envasadas, que están pasteurizadas. Es algo a tener en cuenta en casa, ya que en la restauración profesional está prohibido por ley el uso de huevos en preparaciones crudas y se opta por ovoproductos pasteurizados, que no suponen un riesgo.
Otras recomendaciones: lavar muy bien frutas y verduras que se vayan a consumir con piel, renovar con mayor frecuencia estropajos y trapos, no utilizar un mismo plato para la carne antes y después de cocinarla y tirar la basura todos los días. ¡Ah! Si haces barbacoa, asegúrate de que las carnes están bien cocinadas, no te fíes únicamente de que estén doradas por fuera.
¿Qué pasa con las sobras?
Si han estado más de una hora fuera de la nevera cuando la temperatura supera los 30º, deséchalas y no la guardes. Debes conservarlas en la nevera, en recipientes herméticos bien limpios, y consumirlas en dos o tres días, como máximo. Cuando vayas a ingerir un alimento previamente cocinado, caliéntalo primero a máxima temperatura.
¡No te olvides de respetar la cadena de frío!
Es importante todo el año, pero más aún en esta época. Nos referimos a dejar para el final en el súper los alimentos que hay que guardar en la nevera y el congelador. Si, además, utilizamos bolsas isotérmicas para trasladar la compra desde la tienda hasta casa, lograremos respetar la cadena de frío y evitaremos la proliferación de microorganismos. Por supuesto, ¡mételos a enfriar en cuanto llegues a casa!
Transporte seguro de la comida a la playa o la piscina
Mencionábamos antes la tortilla, un clásico en cualquier versión de las comidas en la playa o la piscina. Igual que los filetes empanados y la ensaladilla rusa. Platos que conviene mantener a una temperatura inferior a 5º. Una nevera portátil será tu mejor aliada para comer rico y sin correr peligro (estate pendiente de reponer el hielo cuando se deshaga o de añadirlo si las placas enfriadoras se calientan). Otros imprescindibles en los días de playa o piscina son el embutido loncheado y las empanadas, que debes conservar en un lugar fresco o, mejor aún, en uno frío, es decir, también en la nevera.
Para un snack entre baño y baño, los frutos secos (al natural y sin sal) son una excelente opción, sobre todo porque no necesitan ningún tipo de refrigeración. La fruta también es una buena elección, aunque, en este caso, sí se recomienda el frío.
Al final, se trata de adquirir ciertos hábitos para prevenir riesgos innecesarios para nuestra salud. Un ejemplo más de lo importante que es la educación alimentaria, en la que el papel del dietista-nutricionista es esencial. Si quieres aprender a comer bien en cualquier época del año, recurre siempre a profesionales, que te guiarán en un camino lleno de sabor y salud.