DÍA MUNDIAL DE LA SALUD.

El Día Mundial de la Salud se remonta a 1948, año en el que la Asamblea Mundial de la Salud comunicó la formalización de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Desde el Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía, en conmemoración a este día, nos gustaría recordar la importancia de la alimentación saludable para lograr un adecuado estado de salud. Esto, acompañado de la práctica de actividad física, gestión emocional y evitar tóxicos como tabaco y alcohol, son factores clave para la salud del individuo.

1. Derecho a la salud

La salud es un derecho con reconocimiento universal. Se encuentra recogido en la Constitución española de 1978: Título I, de los derechos y deberes fundamentales. Capítulo tercero, de los principios rectores de la política social y económica. Artículo 43 (1).

“Se reconoce el derecho a la protección de la salud. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto. Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo, facilitarán la adecuada utilización del ocio.”

El dietista-nutricionista es un profesional sanitario. En la ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias (LOPS), se reconoce al dietista-nutricionista como un profesional sanitario. En el documento, quedan identificados a los/as dietistas-nutricionistas como “Diplomados universitarios en Nutrición Humana y Dietética que desarrollan actividades orientadas a la alimentación de la persona o de grupos de personas, adecuadas a las necesidades fisiológicas y, en su caso, patológicas de las mismas, y de acuerdo con los principios de prevención y salud pública.” (2)

El dietista-nutricionista en el sistema sanitario. En el año 1986 se aprobó la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad (3), donde las competencias en materia de sanidad se transfieren a las diferentes comunidades autónomas. Partiendo de esta base, es necesario y conveniente destacar que España es el único país de la Unión Europea (UE) que no cuenta en su sistema sanitario con la presencia de dietistas-nutricionistas en la mayoría de sus Comunidades Autónomas, aun siendo esta profesión reconocida en la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias (LOPS) (4).

2. Alimentación: un factor clave para la salud

La alimentación saludable es fundamental para gozar de un buen estado de salud. Sea cual sea el peso corporal, la condición física y el estado fisiológico de la persona, la dieta debe adaptarse a las necesidades del individuo.

Se hace preciso aclarar el término de malnutrición (5), el cual hace referencia a “las carencias, los excesos y los desequilibrios de la ingesta calórica y de nutrientes de una persona”. En este sentido, podemos diferenciar tres tipos de malnutrición:

  • Desnutrición: incluye un peso insuficiente respecto a la talla (altura), una talla insuficiente respecto a la edad y/o un peso insuficiente para la edad.
  • Malnutrición relacionada con micronutrientes: carencia o exceso de micronutrientes.
  • Sobrepeso, obesidad y otras enfermedades no transmisibles (ENT): relacionadas con la alimentación.

Por ello, la alimentación es un factor clave para la prevención del estado de malnutrición y la comorbilidad que esto conlleva: diabetes tipo II, hipertensión arterial y dislipemia, entre otras.

Algunos datos en relación a dichas consecuencias aparecen detallados a continuación (7):

Tabla 1. Evolución de las tasas de sobrepeso y obesidad en España, en porcentaje de población de 18 o más años.

Tabla 2. Mortalidad atribuida a las enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes o enfermedades respiratorias crónicas, en unidades de tanto por 10 000.

3. Nos está saliendo caro

Las consecuencias derivadas del sobrepeso y la obesidad muestran una realidad preocupante. Un adecuado programa de prevención primaria de este tipo de complicaciones podría ser clave para disminuir las cifras. Actualmente, en Andalucía y otras comunidades autónomas, esto no se lleva a cabo, repercutiendo no solo a nivel de salud y de calidad asistencial al ciudadano, que es lo más importante, sino también en la economía del país.

En el estudio PREDyCES (6) desarrollado por la Sociedad Española de Nutrición Clínica y Metabolismo, donde se analiza la desnutrición hospitalaria, se muestran datos alarmantes. El 23% de los pacientes ingresados están en riesgo de desnutrición, aproximadamente 1 de cada 4 pacientes ingresados padecen de desnutrición y el 10% de los pacientes que ingresan con un estado nutricional óptimo desarrollan desnutrición durante su hospitalización. Además, los resultados de estas estimaciones muestran que el coste potencialmente atribuible a la desnutrición hospitalaria en España sería de al menos 1.143 millones de euros, lo que corresponde al 1,8 % del presupuesto del Sistema Nacional de Salud.

La desnutrición relacionada con la enfermedad (DRE), a la que se hace relevancia en el párrafo anterior, resulta en un incremento de los costes sanitarios por una mayor estancia hospitalaria, mayor incidencia de complicaciones infecciosas y no infecciosas, mayor necesidad de tratamientos, incremento de los reingresos, estancias más prolongadas en unidades de cuidados intensivos y/o la necesidad de derivación al alta a centros de continuación de cuidados.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) publicó en 2019 el informe denominado La Pesada Carga de la Obesidad (7), en el que se concluye que los españoles con sobrepeso viven, de media, hasta 2,6 años menos con respecto a individuos que no presentan sobrepeso. En este sentido, las repercusiones sobre la economía son claras: el sobrepeso representa el 9,7% del gasto en salud y reduce la producción del mercado de trabajo estimada en torno a los 479.000 trabajadores a tiempo completo/ año. Esto significa que el sobrepeso supone la reducción del PIB español en un 2,9%. Para cubrir estos costes, cada ciudadano en España tiene que contribuir con 265 euros adicionales al año.

Teniendo en cuenta que las intervenciones dietéticas han mostrado ser una estrategia coste-efectiva y que la inclusión del dietista-nutricionista en los equipos interdisciplinares suele conducir a aumentar la eficacia de los tratamientos (8), parece adecuado concluir que la inclusión del dietista-nutricionista en equipos interdisciplinares mejora la eficiencia del sistema sanitario.

Invertir en salud es prioritario. Prevenir la malnutrición es nutrir la sanidad.